Nació y se crió en pleno arrabal, ese que no
aparece en la guía T y que alimenta el morbo de tantos Grañas y secuaces, y
porque no, el tuyo y el mío. Yo anduve por ahí: tiene cosas buenas y cosas
malas, como todo en la vida. Parece ser que a esos artistas de la miseria les
faltó pintar la otra parte del cuadro.
Pero volvamos a nuestro lío. Padre y madre casi
que no tuvo, al menos no como vos y yo los concebimos, asique se hizo solita y
de abajo. Como pudo, como la dejamos. Muchos machos, poco amor; muchos nenes
que se hicieron ajenos con el tiempo. Visera calada, lentes negros, llantas
Adidas, conjuntito Nike: una piba chorra de manual.
Cuando nos conocimos la vi re puesta: Gancia
berreta en mano, agitaba sus brazos como queriendo volar. Había tenido bronca
con otra piba de la ranchada por un don Juan de ocasión: un puntaso y a otra
cosa mariposa. Los mismos pibes al toque me dijeron que tenga cuidado: “la Lío
parece turra pero es peor: es más mala que el paco”. Pasé silbando bajito,
saludé y seguí mi ruta. No sea cosa que se la agarrase conmigo. Desde aquel día
le tuve miedo.
Cada vez que nos veíamos me sentía incómodo, y
me notaba más distante que con el resto de los pibes. Ella, en cambio, fue
siempre fiel a su estilo: alto cachivache, era alegre y divertida cuando estaba
fresca, ofuscada y virulenta cuando puesta. Nunca me faltó el respeto ni hizo
nada para ofenderme, y sin embargo hay ideas que se instalan en la cabeza y que
empiezan a crecer aún cuando la realidad no condiga. Le tenía miedo y eso había
hecho carne en mí.
Así fueron pasando los años hasta que ocurrió
algo que me conmovió y ayudó a romper barreras: Francis, un africano que le
venía escapando a la guerra civil en su país de origen, Angola, fue herido de
bala y llevado al hospital de la zona. Chocolate, como le decíamos, era un
paria entre los parias: inmigrante, con dificultades para comunicarse en
castellano, pobre, solo, adicto a la pasta base. Y encima ahora estaba herido
de bala en un hospital público desbordado que suele “ajustar” por el eslabón
más débil, la gente en calle… gracias a Dios que estaba la Lío para acompañarlo…
Fue la única que preguntó por él, la única que
destinó parte del dinero de la dosis diaria para comprarle elementos de higiene
y caramelos de dulce de leche, esos que tanto le gustaban al negro. Y cuando Chocolate
se escapó del hospital, porque lamentablemente la gran mayoría lo hace, fue la
única que lo cagó a pedos y que luego le daba de comer para que su dieta no
fuera solo de base.
Al ver esa actitud algo en mi cambió, y supe en
el fondo del corazón que Lío era otra, que el personaje nunca terminaría de
fagocitar la humanidad en ella.
Y así fue… recuerdo que para esa época yo
estaba pasando un mal momento personal y familiar, estaba muy triste… y Dios
nos juntó esa mañana gris de otoño… nos vimos los dos, solos, como llevando la
vida a la rastra, y entendimos… y nos abrazamos en silencio… y lloramos… nadie
dijo nada, no hacía falta… ese instante fue eterno… Supe en el fondo del
corazón que Lío era otra, que el personaje nunca terminaría de fagocitar la
divinidad en ella…
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