El tío va para los 33 años: negro uruguayo y porteño de ley, es una mezcla bien rioplatense. Noble y leal, medio terco y cabezón, le tocó nacer en una villa de la Boca, y como muchos de sus amigos del barrio ya de chiquito conoció la violencia. Desde los catorce años empezó a visitar los lugares patrios que la sociedad les tiene reservado a aquellos que sobran: el Instituto Roca, el Agote, el San Martín y el Belgrano. Con el tiempo empezó a jugar en primera: Marcoz Paz, Ezeiza, Devoto... Es que si no estás en la escuela o en el laburo en algún lugar tenés que estar...
A veces me pregunto que estarán pensando aquellos próceres que hicieron posible este país. ¿Se habrán arrepentido?
Pero no escribo para despacharme. Hoy quiero contagiar esperanza de la mano del tío, un amigo, un hermano, y desde hace un tiempo, un compañero de trabajo.
Dejemos que él hable y nos cuente parte de su historia...
El Hurtado* para mi significa muchas cosas. Cambió gran parte de mi vida. Antes de ir a Hurtado yo era un pibe complicado, andaba delinquiendo y vivía preso. En 2009, a mediados de agosto, mi hermano andaba mal anímicamente y yo recién llevaba dos meses en libertad. Seguía medio complicado con mi consumo y con esos fantasmas que me decían: “ANDA A ROBAR”. Pero en ese momento mi obligación era ayudar a mi hermano que andaba mal anímicamente y deprimido. Hasta que un día de agosto me dijo que lo acompañara a Hurtado y yo le pregunté: “¿Qué es eso?”, “Un lugar re bueno, donde nos van a ayudar”, me dijo, y fui.
Como acompañante, compartía los grupos y lo único que quería era que mi hermano estuviera bien. Pero no me daba cuenta de que yo también necesitaba ayuda; hasta que un día en el grupo me hicieron ver la realidad y era que yo también estaba enfermo. Y hoy por hoy, gracias a ese lugar, mis pensamientos son otros. Ya llevo 2 años y dos meses sin delinquir, NO SOY el pibe que si no tenía las últimas ADIDAS no era nadie. Hoy no las tengo y soy un pibe bueno, humilde y puedo vivir dignamente sin sacarle nada a nadie. Me siento feliz por el apoyo que encontré en ese lugar maravilloso. Ese amor y cariño que tanto necesitaba...
Hoy estoy internado en la Granja** para remarcar algunas actitudes que me faltan, pero puedo decir que no soy más un delincuente y ojala mañana pueda decir que no soy más un drogadicto y un alcohólico y pueda formar una familia, tener mi trabajo, y mi casa digna y poder darle ese mensaje que recibí, ese cariño y ese amor a esos chicos que están en las calles consumiendo y delinquiendo por el consumo.
El otro día me lo encontré al tío y charlamos un rato. Me dijo que estaba visitando pibes privados de su libertad en Ezeiza, el mismo penal en donde dejó varios años de su juventud cumpliendo condena. Emocionado me contó como al subirse a la camioneta que te lleva de la entrada a los pabellones reconoció al guardia. _Qué loco Gimenez, ¿no?; antes iba en la caja, esposado y triste y ahora viajo al lado suyo, y vengo para tratar de compartir esperanzas... hoy salgo como vine, por la puerta principal..._
El tío me emociona y me hace pensar... ¿por qué será que la gran mayoría de los presos son pibes y pibas, gente joven y pobre? ¿será el derecho penal la mejor forma de crecer y mejorar como sociedad? ¿es el deseo de una real reinserición lo qué motiva la existencia de las cárceles? y si efectivamente es así, ¿las cárceles reales logran dicho objetivo? ¿y qué hacemos con aquellos que nunca estuvieron insertos?
Castigar al castigado no nos ayudará a vivir mejor...
* El centro de día San Alberto Hurtado es parte del Hogar de Cristo, la propuesta de la Iglesia Católica de Buenos Aires para recuperar a los pibes que cayeron en el flagelo del paco en la villa 21-24-Zavaleta. Hay otros centros de día en diferentes villas de la ciudad.
** La granja Madre Teresa es la segunda instacia del Hogar de Cristo: aquí aquellos jóvenes que han hecho un primer camino en el centro de día pasan varios meses para conocerse, encontrarse con Dios y buscarle el sentido a la Vida.
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